martes, 19 de agosto de 2014

9- calma.

Nadie podía imaginar aquel sentimiento después de casi haber tenido una muerte espantosa días atrás poder entrar a casa y ver a tus hijos y a tu esposa incluso tu perro dormir en casa, esa era la sensacion que el inspector urus sentía hoy cada vez q volvía a casa. Daba gracias a Dios por esta nueva oportunidad, faltaba un día para el Festival de las flores, tenía q aprovechar ese día para vivirlo intensamente con su familia, pues no sabía cómo saldría del siguiente paso, durante la mañana viajó al supermercado con su hijo menor Michael un joven con una energía voraz a sus 17 años ya era campeón de su escuela en Artes marciales y su Padre le había conocido no menos de 10 novias, a urus le encantaba verlo,  le recordaba constantemente quien fue el alguna vez, sentía que era una plática consigo mismo cuando ambos discutían la calidad de las frutas del lugar, camino a casa decidieron pasar por su hijo mayor era abdul y un hombre de 22 años, un joven más callado que Michael y mucho más parecido a su madre en su personalidad introvertido como único, al llegar los tres al hogar los esperaba Bianca madre de los dos chicos y esposa de urus, una mujer con un ímpetu mayor que el de su esposo y con una voluntad de fuego que demuestraba al soportar el trabajo arriesgado de su marido y siempre apoyarlo en sus decisiones, entre risas y bromas los cuatro cocinaban aquella armonía parecía sacada de un cuento de esos de las familias perfectas, aunque en el fondo todos vivían con el constante temor de perder a su padre, compartieron lomo de cerdo a la barbacoa, con un arroz Marinero amarillo como un girasol y una limonada q sudaba su frescura, jugaron a las cartas por la tarde y por un momento urus sintió aquella paz que sólo en su familia en contraba aquella calma que precede a las tormentas, a unos cuantos kilómetros de ahi se encontraba la calle lincoln, una camioneta encendida aparcada en la calle y un hombre en su interior como una tortuga en su caparazón, Aaron blackwing, miraba hacia el antiguo apartamento de fortuna, una mirada vacía como su corazón, unos ojos que sabían a despedida inconclusa, el ocaso llenaba de oscuridad latente el cielo, Aaron arrancó y se dejó llevar por las luces de la ciudad, como un imán se dejo atrapar por el centro de nocturnidad más seguro de la ciudad,  como un acto de nostalgia decidió eentrar a aquel antro el banana club, donde más o menos recordaba que empezó su pesadilla hecha mujer, los cuerpos esclavos de la música de cientos de almas elevaban sus manos y sin motivo aparente parecían ajenos a todo lo que no fuera una felicidad colectiva, las luces multicolores parecian fundirse con los beats monstruosos de la música electrónica que hacía vibrar el pecho como si se cantará el maldito himno Nacional en un estadio lleno de ebrios, cautivado por el ambiente Aaron se sambullo en el mar de cuerpos, y como una corriente de pieles se perdió en el río, parecía q todos bailaban solos y al mismo tiempo bailaban juntos, Aaron se acercó a la barra y trago tras trago sus inhibiciónes fueron desnudandose, sin nada q perder más que efectivo y tiempo, bailó durante horas pero esta vez mantuvo la cordura y la conciencia, salió cerca de la media noche del club, camino al auto vio los cientos de afiches q cubrían los postes del alumbrado público y las pasarelas de toda la ciudad, con la gente desaparecida,  eran tantos ya los que habían huido de la ciudad q muchos se dieron por muertos desaparecidos o secuestrados la verdad es q al rato aparecían drogados en alguna parte o comunicandose desde otras ciudades,  era una pandemia de familiares buscando desesperados a sus drogadictos colegas, subió a su auto u condujo lo más despacio q pudo hasta llegar a su hogar, aquel lugar carente de emoción, se lanzó a la cama de espaldas una vez más y viendo hacia el techo una vez más noto algo diferente,  está vez ya no dolía la ausencia de aquella chica, ni la presencia del fantasma de su recuerdo y por un momento que había buscado tanto Aaron respiro calma.

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